
Tradicionalmente, los centros públicos, han carecido de una identidad propia. Aquello, peculiar que lo distingue de otros centros públiccos; y digo públicos, porque en este terreno, la escuela confesional o la privada no confesional, hace tiempo que han sabido encontrar aquellos rasgos diferenciadores y distintivos. Ahí están los idearios de los centros privados, muchos luego concertados.
Uno de los retos más grandes que la LOGSE puso sobre la mesa, fue la posibilidad de que los centros, también y sobre todo los públicos, estableciesen sus señas de identidad y sus objetivos particulares que los diferenciasen e hiciesen únicos, porque cada localidad, cada entorno, cada comunidad educativa, esencialmente, lo es.
Muchas han sido las razones por las que esta idea no se ha desarrollado eficazmente en todos los colegios e institutos españoles.
Fui nombrado director del C.P. Padre Moreno de Moixent en el curso 1995-96. Este hecho, inesperado, me obligó a estudiar precipitadamente, como pude, el sentido de la, entonces, nueva ordenación del sistema educativo (LOGSE). Me enfrenté al nuevo léxico: proyectos curriculares, currículo, diversidad, Reglamento de régimen interior, diseño curricular, unidad didáctica, contenidos procedimentales, secuenciación de contenidos, adecuación de objetivos... y sentí la necesidad de comprender globalmente el llamado "espíritu" de la reforma.
Entre la documentación que, de forma desordenada iba cayendo en mis manos, apareció un documento algo confuso para mi, pues era entregado a todos los maestros y maestras del centro como un dossier informativo del profesorado. En este documento aparecía algo de normativa, algunas instrucciones de carácter profesional y...el Proyecto Educativo del Centro. Había oído en múltiples sesiones de formación, cursos, jornadas, charlas...que el P.E.C. era el instrumento básico a partir del cual había que programar toda actividad docente. Esto sonaba muy gordo, mucho, mucho. Supuse entonces, que aquello era muy importante.
Supongo también que por ignorancia, novatez, inexperiencia, ese documento, que no había sido construído ni meditado por el colectivo de gente a quien iba dirigido, cayó en el olvido y se guardó en un armario (y digo se guardó, porque supusimos que, a pesar de no saber qué hacer con él, no debíamos tirarlo a la papelera). Bien guardado permaneció nuestro P.E.C. sin que nadie diera muestras de que debía salir de aquel armario para nada.
Puedo asegurar que muchas veces nos preguntábamos qué podíamos hacer con aquel Proyecto.
Pero pasó el tiempo, vinieron nuevas leyes de Educación, tal vez demasiado rápidamente. El sentido del Proyecto Educativo sobrevivió sin problemas a los avatares políticos. También crecimos nosotros, después de doce o trece años nuestra perspectiva había cambiado sin darnos cuenta y aprendimos cosas que antes se antojaban oscuras y misteriosas. Salió nuestro documento del armario por fin, lo conocimos a fondo, perdimos el miedo y nos hicimos con él. Hoy creo que sé qué es el Proyecto Educativo de Centro me gustaría unir esfuerzos y contar con mis compañeras, para, de forma realista y eficaz, construir un nuevo P.E.C. que sea fiel reflejo de la comunidad donde se circunscribe, hecho a medida de las necesidades de las personas que lo harán suyo para desarrollar sus funciones y optimizar el servicio educativo al que está destinado. Único, singular, irrepetible, cosa fina, oiga.